La morosidad familiar bajó por segundo mes, pero el crédito sigue estancado

La morosidad familiar bajó por segundo mes, pero el crédito sigue estancado

La morosidad de las familias bajó por segundo mes consecutivo y pasó del 12,8% en agosto al 12,2% en septiembre, una reducción de 0,6 puntos porcentuales. Los datos surgen de un adelanto del indicador elaborado por la consultora 1816 sobre la base de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU). El retroceso se produjo en un escenario de estancamiento del crédito, por lo que la mejora del índice respondió a una reducción de la deuda en situación irregular y no a una expansión del stock de préstamos.

El dato introduce una diferencia en la evolución del endeudamiento familiar. La caída de los atrasos se extendió por segundo mes, pero todavía no tuvo como contrapartida una recuperación del financiamiento bancario en pesos. A esa situación se sumaron refinanciaciones por $2,9 billones, equivalentes al 3,9% del crédito total destinado a los hogares.

Los saldos atrasados registraron una caída del 4,1% real mensual, otro indicador que permite dimensionar el movimiento. La reducción de las deudas vencidas acompañó el descenso de la tasa de morosidad y confirmó que no se trató solamente de una modificación porcentual del indicador.

Sin embargo, la evolución de esas cifras debe leerse junto con otro dato del mismo período: los hogares refinanciaron deudas por $2,9 billones, un monto equivalente al 3,9% del crédito total destinado a las familias.

El peso de las refinanciaciones

El volumen de refinanciaciones introduce una diferencia entre la reducción de los atrasos y la recuperación efectiva de la capacidad de pago. Las operaciones permitieron modificar las condiciones de una parte del endeudamiento familiar, al mismo tiempo que los indicadores de morosidad comenzaron a retroceder.

La cifra de $2,9 billones muestra la dimensión que alcanzó este mecanismo dentro del financiamiento a los hogares. Su participación del 3,9% sobre el crédito total constituye una referencia para evaluar la relación entre los préstamos existentes y las operaciones destinadas a reorganizar deudas.

Ese movimiento no equivale, por sí mismo, a un incremento del financiamiento disponible. Las refinanciaciones actúan sobre obligaciones ya contraídas, mientras que la evolución del crédito en pesos refleja la ausencia de una expansión significativa de los préstamos.

Allí aparece una de las principales diferencias que deja septiembre. La morosidad comenzó a bajar, pero el sistema todavía no mostró una recuperación equivalente en el otorgamiento de crédito. Los dos indicadores exhibieron comportamientos distintos durante el mismo período.

Una mejora que alcanzó a los principales bancos

La reducción de la mora no quedó limitada a determinadas entidades. Los doce principales bancos registraron retrocesos en sus indicadores de atrasos, un comportamiento que extendió la mejora dentro del sistema financiero.

Ese dato aporta otra dimensión al resultado de septiembre. La caída del indicador general tuvo su correlato en las entidades de mayor peso, aunque el estancamiento del crédito en pesos se mantuvo como una característica del período.

Desde la perspectiva bancaria, la evolución de la morosidad y el comportamiento de los préstamos presentan dos señales que deben analizarse por separado. Por un lado, disminuyó la proporción de créditos familiares con atrasos. Por otro, el financiamiento no recuperó una dinámica de crecimiento.

La combinación de ambos factores impide equiparar automáticamente la reducción de la mora con una normalización del mercado crediticio. Septiembre dejó una mejora en los indicadores de atrasos, pero no un cambio similar en el volumen de préstamos.

La diferencia adquiere relevancia después de dos años sin una caída comparable de la morosidad familiar. El resultado forma parte de una secuencia de dos meses consecutivos de descenso, aunque los datos disponibles todavía no permiten establecer si el movimiento tendrá continuidad durante los próximos meses.

Las empresas muestran otra tendencia

El comportamiento del financiamiento empresario fue distinto. Mientras la morosidad familiar retrocedió, el indicador correspondiente a las empresas registró un aumento leve y llegó al 3,8%.

La suba no estuvo acompañada por señales de un cambio de tendencia, de acuerdo con las estimaciones disponibles. El nivel de atrasos empresariales permaneció, además, por debajo del registrado entre las familias.

La comparación muestra una evolución diferenciada del riesgo crediticio entre ambos sectores. Los hogares presentaron una reducción de seis décimas porcentuales en su tasa de morosidad, mientras las empresas exhibieron un incremento moderado.

Septiembre cerró así con una mejora en el cumplimiento de las obligaciones familiares, un volumen significativo de refinanciaciones y un mercado de crédito en pesos que continuó casi inmóvil. La caída de la morosidad representa el cambio más relevante del período, pero su alcance todavía debe distinguirse de una recuperación del financiamiento bancario.