Solo 3 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 24 años acceden a la educación superior
El acceso a la educación superior continúa siendo uno de los principales desafíos para la inclusión educativa en América Latina y Argentina. De acuerdo con distintos estudios, apenas tres de cada diez jóvenes de entre 18 y 24 años logran acceder a estudios terciarios o universitarios, una cifra que refleja tanto avances como profundas desigualdades sociales.
El promedio regional indica que cerca del 29% de los jóvenes de esa franja etaria asiste a instituciones de educación superior. Si bien la matrícula creció en las últimas dos décadas, el acceso sigue condicionado por factores económicos, el nivel educativo de las familias, el lugar de residencia y las oportunidades disponibles en cada territorio.
En Argentina, diversas investigaciones muestran una realidad similar. Si bien cada vez más jóvenes manifiestan su intención de continuar estudiando luego del secundario, muchos no logran concretarlo debido a la necesidad de incorporarse tempranamente al mercado laboral, las dificultades económicas o las responsabilidades familiares.
Las brechas también se observan según el nivel socioeconómico. Los jóvenes provenientes de hogares con mayores ingresos presentan mayores probabilidades de ingresar y permanecer en la educación superior, mientras que quienes viven en contextos de vulnerabilidad enfrentan más obstáculos para iniciar o finalizar una carrera.
A esto se suma una diferencia de género: las mujeres registran mayores tasas de acceso y permanencia en estudios superiores que los varones, tendencia que se mantiene desde hace varios años.
Especialistas advierten que ampliar el acceso no alcanza si no se garantiza la permanencia y la graduación. El acompañamiento académico, las becas, las políticas de apoyo económico y la articulación entre la escuela secundaria y la universidad aparecen como herramientas clave para reducir la deserción y mejorar las oportunidades educativas.
El desafío, sostienen los expertos, no solo pasa por que más jóvenes ingresen a la educación superior, sino también por crear las condiciones necesarias para que puedan completar sus estudios y acceder a mejores oportunidades laborales y de desarrollo personal.














